Razones para ser Carlista
Objeciones sobre la antigüedad o ineficacia del
Carlismo
El carlismo es algo muy antiguo
Sí. El carlismo es antiguo como la música clásica, los monumentos nacionales,
la boina, los juegos olímpicos, la romería del Rocío o la tortilla de patata. Y
tambié es antiguo como el liberalismo, el marxismo,
el PSOE, los pantalones vaqueros o los tipos con pendiente. Antiguo no quiere decir ni
bueno, ni malo.
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El carlismo está pasado de moda |
Objeciones sobre los mismos Carlistas
Los carlistas son unos fanáticos
Un fanático es alguien que no razona, o que es puro sentimiento, y si razona,
lo hace por libre. Pero el carlista, por definición, tiene poderosas razones en
las que apoyarse. Son razones que él asume con total libertad, pero que le
limitan y moderan en sus ímpetus porque le vienen dadas.
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Los carlistas son revolucionarios
- Todo lo contrario. El carlismo es un movimiento contrarrevolucionario. Es
decir contrario a la revolución, no es partidario de otra revolución que "desrevolucione" lo que se ha revolucionado.
El Carlismo es sólo para hombres. No hay mujeres. Es machista.
Falso. Lo que apartó a la mujer de la vida pública fue la revolución liberal.
La "mujer objeto" nace en la sociedad liberal. En la Europa cristiana
pre-liberal existieron reinas de verdad (no comparables con Isabel II, que fue
una "reina objeto") y el derecho a voto no era voto masculino, sino
voto familiar. El sufragio universal no es instaura en España hasta 1934 y
fuimos los carlistas los primeros en pedirlo.
Los carlistas son violentos
Decir que la violencia de las guerras carlistas es culpa de los carlistas es
como decir que la violencia de las guerras indias de Norteamérica es culpa de los sioux. La violencia de las guerras civiles de los
siglos XIX y XX fue causada y sufrida por todos los españoles
cualquiera que fuese su forma de pensar. A pesar de eso, y sin renegar
del pasado épico de los voluntarios carlistas, el carlismo merecería el premio
Nobel de la Paz. Porque aunque los voluntarios carlistas se enfrentaron en la
guerra, lo hicieron siempre de forma abierta e incluso caballeresca. No han
sido los carlistas quienes han promovido el terrorismo, ni el golpismo de
Estado, ni la pena de muerte, ni los campos de concentración, ni el aborto, ni
el cine violento, ni las cámaras de gas, ni el bombardeo indiscriminado, ni la
bomba atómica...
Los carlistas están divididos y por lo tanto son ineficaces
En primer lugar los integrantes de la Comunión Tradicionalista Carlista no
estamos divididos. Tratamos de trabajar todos juntos en una misma dirección
porque pensamos que sólamente las organizaciones
compactas, disciplinadas y unidas pueden hacer cosas con coherencia y cierta
eficacia. Una organización pequeña y coherente puede hacer mucho más que una grante -o no tan grande- llena de incoherencias. Fuera de
la CTC hay simpatizantes que van por libre y que colaboran o no con nuestra
organización puntualmente. También hay otras organizaciones que proclaman su
fidelidad a los principios del carlismo. Y otras más -pocas- con las que
compartimos un mínimo común respecto "a la patria, la familia, la
religión, la moral", etc. Nosotros nunca negamos el carlismo de nadie. Ni
somos nadie para poner o quitar etiquetas de validez a nadie. No estamos
enfrentados a ninguna otra organización. En ese sentido no estamos divididos ni
fomentamos ninguna división. Es más: estamos abiertos a colaboraciones
puntuales y estamos trabajando desde hace algún tiempo para que algún día sea
posible una gran plataforma de políticos decentes. El problema es que para que
se unan unas partes tendrán primero que existir esas partes ¿no? En definitiva,
que no estamos divididos, lo que estamos haciendo es ocuparnos de nuestra
parte.
Los carlistas dicen grandes palabras, pero no concretan nada.
El talante carlista contrasta enormemente con la política de los liberales que
consiste en concretarlo todo de manera enfermiza. Los políticos del sistema
liberal hacen leyes como churros. Porque quieren regularlo todo, normalizarlo
todo, codificarlo todo. Son unos locos que han colocado las pequeñas cosas
triviales en el lugar que correspondía a las trascendentes y vitales. Como
carlistas defendemos la libertad tanto que nuestra intención es que la gente
use de esa libertad y opine en libertad y discrepe en libertad. Los carlistas
estamos de acuerdo en lo fundamental y luego podemos discrepar en mil cosas. En
cambio los miembros de los partidos liberales se ven obligados a defender una
cuestión opinable y luego pueden discrepar sobre lo fundamental. Primero
acuerdan repartir mil pesetas de subvenwción a cada
familia y luego discuten sobre qué es una familia.
Objeciones sobre la presunta intolerancia del
Carlismo
Los carlistas son intolerantes
Todos los seres humanos son intolerantes hacia algo. Todos somos capaces de
imaginar cosas intolerables. Lo que nos diferencia es dónde ponemos el límite
de lo tolerable. Yo, por ejemplo, no tolero que insulten a mi madre. A algunos
parece que hasta les gusta.
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No respetáis la libertad de
conciencia. Quereis imponer vuestras ideas.
Quienes merecen siempre respeto son las personas. Pero no todas las ideas son
igualmente respetables. Hay ideas que se refieren a cuestiones opinables y
discutibles. Pero cuando las ideas entran en la categoría de lo verdadero y lo
falso entonces existe el deber moral de defender las verdaderas y atacar las
falsas.
El carlismo es absolutista.
Falso. El heredero político del absolutismo ilustrado es el liberalismo. La
soberanía absoluta de los reyes absolutos del siglo XVIII es la misma que la
que se atribuyen actualmente los parlamentos absolutos en nombre de una
soberanía nacional también absoluta.
Hoy el discriminar el acceso a una organización política por razon de raza sexo o religión, está en contradicción con la
Carta de Derechos Humanos.
¿Es discriminatorio que un zulú no pueda afiliarse a una asociación gitana? ¿Es
discriminatorio que un hombre no pueda pertenecer a una asociación de viudas?
¿Es discriminatorio que no se permita a un musulmán ingresar en un seminario?
Entonces... ¿por qué va a ser discriminatorio prohibir que un no-católico
acceda a una asociación católica como es la Comunión Tradicionalista Carlista?
No es bueno que haya asociaciones políticas formadas exclusivamente por
católicos.
¿No es bueno que un grupo de católicos con vocación política trabajen juntos?
La existencia de asociaciones u organizaciones o partidos políticos de
católicos no impide que además se pueda llegar a acuerdos puntuales con los no
católicos en busca del bien común.
El Carlismo ha sido siempre enemigo de la libertad.
El liberalismo ensalza a la libertad como a una diosa. Pero prohibe
su ejercicio como si fuera un sacrilegio. En cambio el Carlismo ha sido siempre
amigo de usar la libertad y enemigo de conservarla en una vitrina intocable. En
uso de su libertad, los carlistas han sido capaces de organizar al menos en
cuatro ocasiones una sublevación general armada contra el gobierno. ¡Hay que
ser muy libre para hacer eso!
Es una vergüenza que los carlistas no respeten la democracia.
Es que ni esto es verdadera democracia, ni está tan consolidada como parece.
¿Qué pasaría con esta "maravillosa" democracia si no existiera la
ETA? La pregunta tiene más miga de lo que parece.
Objeciones sobre religión y Carlismo
Los carlistas son teocráticos
Somos teocéntricos, porque sabemos que Dios es el centro de todo, pero no somos
teocráticos porque creemos que los hombres son libres incluso hasta para
desobedecer al que es el Centro de todo.
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Los carlistas mezclan política con
religión
Al revés. Nosotros creemos que la política es mucho menos importante que la
religión, así que no mezclamos sino que subordinamos aquélla a ésta. Los que
mezclan y confunden las cosas son los que hacen de la democracia de partidos un
dogma indiscutible, o los que adoran a su nación por encima de todo, o los que
sacrifican su vida por una ideología, o los que venden su alma al Diablo con
tal que la economía crezca. Los que viven como si Dios no existiera creen que
el cielo se tiene que encontrar en este mundo. Por eso mezclan todo. Nosotros
distinguimos perfectamente entre las cosas temporales, como la política, y las
eternas, como Dios y el amor que El nos tiene.
El carlismo compromete la tarea evangelizadora de la Iglesia
El carlismo es un movimiento de laicos que actuan
como católicos en el ámbito político bajo su exclusiva responsabilidad. ¿No
habrá sido más comprometedor el papel de una democracia cristiana que, nacida y
mantenida a la sombra de la Iglesia, ha sido incapaz de crear instituciones
cristianas?
La Confesionalidad está pasada de moda. La Iglesia ya no la defiende.
Falso. La confesionalidad de las instituciones es un bien que debe ser
reconocido como tal por todo católico. Un cristiano que no tenga la aspiración
de que su comunidad reconozca a Dios como Señor es un hereje.
De todas formas antes de hablar de ello hay que aclarar bien qué se entiende
por confesionalidad.
- Si el carlismo es tradicionalista tendría que defender siempre y no admitir
otra liturgia que la tridentina según el rito anterior al Concilio Vaticano II.
- El carlismo no es un movimiento religioso y no puede vincularse a una opción
litúrgica o a una espiritualidad concreta renegando de la pluralidad legítima
que existe dentro de la Iglesia. Se equivocan quienes levantan la bandera del
rito tridentino como si fuera una bandera política. También se equivocaron hace
años los que pretendieron vincular el carlismo a la moda de la teología de la
liberación.
No es necesario que exista una opción política que defienda a Dios
Efectivamente, Dios puede pasar sin nuestra ayuda. Pero es que si nosotros
invocamos a Dios en nuestro lema no es para defenderle nosotros a él, sino para
que sea Su Divina Omnipotencia la que nos guarde. Le invocamos para que nos
ayude a los carlistas a defender a la sociedad de la tiranía y la injusticia.
Para que sepamos defender a las personas, especialmente a los más débiles.
Los carlistas deberíais implicaros más y enfrentaros contra todo el
progresismo que hay dentro de la Iglesia.
En todas las batallas o debates o tensiones que pueda haber dentro de la
Iglesia debemos estar presentes todos los bautizados. También los carlistas en
tanto que hijos de la Iglesia, PERO nunca EL CARLISMO como tal. Las
organizaciones carlistas tienen una misión fuera del santuario, en el campo
social y político, no en el intra-eclesial. El
carlismo no es un movimiento espiritual, ni una congregación, ni una cofradía.
Un rey o gobernante que pretendiera hacer política católica necesitaría un
apoyo espiritual fuerte y cohesionado (algo que, evidentemente, está muy flojo
en nuestros días) pero su misión sería servir a toda la sociedad, también a los
súbditos no católicos y no podría, no debería, entrometerse en lo que es
responsabilidad exclusiva de los sacerdotes y los obispos. Acompañemos a
nuestros obispos, animémosles, respetemosles,
obedezcámosles... y si se equivocan en cuestiones de política expongámosles con
toda caridad nuestra legítima discrepancia. No confundamos lo que está claro.
Una cosa es la vocación de pastor de la Iglesia y otra distinta la de "perro
pastor", o sea, la vocación de político.
Objeciones sobre la monarquía tradicional
La monarquía tradicional es absolutista
Un rey tradicional para ser rey, debe jurar antes las leyes, renovando así el
pacto con el pueblo. Y tiene además el límite clarísimo de la Ley de Dios que
no puede en ningún caso transgredir. Su poder está pues limitado, por arriba y
por abajo. En cambio un parlamento liberal, al divinizar la voluntad humana
según la soberanía popular puede dictar de forma absoluta las leyes más
absurdas. Por lo tanto es más absoluto el poder de un parlamento moderno que el
de un rey tradicional.
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La monarquía tradicional es un
sistema tiránico
En el modelo de monarquía tradicional el rey tiene la soberanía política, pero
no pretende, además, tener la soberanía social. No trata de ser a la vez
director y representante del pueblo. En cambio en el sistema liberal los
partidos que ganan las elecciones son quienes gobiernan y son, a la vez,
quienes controlan a su mismo gobierno. ¿Quién es aquí el tirano?
No tenéis rey.
Tú tampoco. Actualmente esa magistratura del estado que llaman
rey tiene unas funciones que nada tienen que ver con el origen etimológico de
la palabra "rey" que viene de "regir",
"gobernar". España no es una verdadera monarquía. Es una república partitocrática coronada.
Es absurdo que seáis monárquicos y no tengáis un rey
Más absurdo es ser republicano y tener un rey. O ser fascista y no tener un
líder carismático. Además un rey no se puede fabricar así como así. Los carlistas
estamos legitimados para defender los derechos de una dinastía, pero no para
inaugurar una nueva. Eso es cosa de todos los españoles, no sólo de los
carlistas.
¿Por qué el carlismo no reconoce a don Juan Carlos como rey?
Porque afirma que es sucesor de una familia usurpadora. Porque don Juan Carlos
fue nombrado "a dedo" por el general Franco. Porque don Juan Carlos
no gobierna.
La idea de patria de los carlistas es romántica, medieval y trasnochada
La idea de patria ha cambiado con la historia y se amplia
o se transforma con los inventos tecnológicos. En otros tiempos el ámbito
territorial por el que uno sentía apego solía ser un espacio homogéneo o
continuo. Hoy los medios de transporte, las autovías, el avión, posibilitan
"saltos" en el espacio. Posiblemente un ejecutivo barcelonés conozca
mejor Madrid que cualquier pueblo de la Cataluña profunda. Y, en cierto modo,
es más madrileño que "viguetá". La idea de
Patria del carlismo se adapta mejor a esta realidad que la de cualquier
nacionalista porque no es nacionalista sino realista. Lo que está en crisis,
como no podía ser menos, es la ideología nacionalista, ese amor desordenado
hacia una idea artificial de no el patriotismo católico (universal) entendido
como amor hacia la comunidad de la que realmente se forma parte.
¿Qué tenía de malo el estado fuerte de Franco
que fue capaz de montar cosas como la seguridad social?
La actuación del pasado Régimen en materia social estaba
bienintencionada. Le falló que todo lo confió a la acción del Estado. En
ocasiones anuló iniciativas privadas anteriores a la suya.
Lo ideal sería
que estas cuestiones las resolviera la sociedad. Lo malo es que,
acostumbrados a que todo lo haga el Estado, la sociedad no emprende nada. El
estado debe actuar ayudando iniciativas de la sociedad y promoviendo de manera
subsidiaria cuando la sociedad no actúe. El carlismo confía en que a la vista
de que las iniciativas sociales son más eficaces que las estatales, la sociedad
iría animándose a tomar tales iniciativas.
Mientras no haya otra cosa, la Seguridad social debe seguir siendo
estatal. Pero se deben arbitrar procedimientos para que vaya pasando a
iniciativas sociales. Eso llevará tiempo. Si, como esperamos, en manos privadas
las cosas van mejor, el Estado debe dejar libertad.