26/6/15 «Son liberales no carlistas» Artículo de Carlos Ibáñez Quintana

Os ofrecemos este artículo escrito por Carlos Ibáñez Quintana publicado en el periódico La Gaceta en respuesta a una entrevista realizada a Félix de Azúa, recientemente nombrado miembro de la Academia Española de la Lengua.

Demuestra Toynnbee que el nacionalismo es una consecuencia del liberalismo. Esta doctrina sustituye a Dios por el Hombre. Pero los hombres se encuentran muy débiles.

En la entrevista que, en este medio, le han hecho al filósofo D. Félix de Azúa, se refiere el entrevistado a quienes ahora gobiernan Cataluña y dice:”son los carlistas del siglo XXI”.

Pues no señor; no son los carlistas, sino los liberales del siglo XXI.

Demuestra Toynnbee que el nacionalismo es una consecuencia del liberalismo. Esta doctrina sustituye a Dios por el Hombre. Pero los hombres se encuentran muy débiles. Necesitan de algo que les proteja. Encuentran la Nación y a ella se agarran.

A la misma conclusión llega el americano Carlton Hayes, quien fuera embajador de su País en España en el curso de la II Guerra Mundial. Califica al nacionalismo de religión sustitutiva del Cristianismo. Los hechos le han dado la razón.

Siendo una religión el nacionalismo, no admite la convivencia con otra. Regiones, que hace un siglo eran un bastión del Catolicismo, se encuentran con una Iglesia decadente, después que el nacionalismo fuera seguido por sus habitantes. En España: Cataluña y la región Vasconavarra. Fuera de España: Flandes y Quebec.

El nacionalismo es un ídolo. Son varios ídolos. Ayer fueron ídolos de cierta entidad cuyos fieles se despedazaron en cruentas guerras que llenaron más de un siglo. Desengañados, hoy adoran idolillos de menor tamaño. Pero que no dejan de ser tan exigentes como los otros. En España: las autonomías.

El liberalismo atribuyó al estado el monopolio de la enseñanza. De ese monopolio se han apoderado los miniestados de ahora. Las autoridades autonómicas se atribuyen el derecho de imponer la educación a sus ciudadanos. De decidir la lengua en que han de ser educados los niños. Sin tener en cuenta la lengua que hablan en familia y los deseos de los padres. Ayer fue la Restauración liberal  la que enviaba a Bermeo y Ondárroa  maestros desconocedores del vascuence. Con el resultado que los “educados” salidos de las escuelas nacionales, cuando iban al servicio militar, necesitaban dictar a un compañero la carta que escribían a la familia. Hoy son las autoridades autonómicas las que imponen en la educación primaria y secundaria una lengua que de nada les servirá en la universidad ni en la vida profesional. Excluyendo la que les sería útil. La misma en la que les enseñaron a hablar sus madres.

Vivimos bajo un sistema liberal, restaurado por la Dinastía liberal. Vivimos bajo una Constitución liberal promulgada en 1978. Vivimos en unas autonomías consecuencias de esa Constitución. No vemos el Carlismo por ninguna parte.

La legalidad liberal vigente ampara la injusticia que lamenta D. Félix de Azúa. Como también ampara otras muchas, que no necesitan ser enumeradas pues diariamente se ocupan de ellas otros, tanto en la prensa como en las tertulias televisivas. Y decimos que las ampara porque no las impide ni las castiga. El que hoy, los niños sean constreñidos a emplear la lengua que imponen los que mandan es liberalismo puro. Pues los carlistas defendemos, como algo innegociable, los derechos de los padres a decidir sobre la educación de sus hijos.

“No es eso, no es eso”, replicaría D. Félix si leyera estas líneas. Y nosotros insistimos: “Sí es eso, ¿por qué iba a ser de otro modo?”

 

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