Nuestra Comunión: los afiliados y los militantes

Nuestra  Comunión: Los afiliados y los militantes

por Javier Garisoain

Estos mismos términos de afiliado y simpatizante son los que suelen utilizar los partidos políticos para denominar a sus miembros: a quienes pagan una cuota o a los que asumen alguna responsabilidad en la organización. Nosotros, que no queremos parecernos en nada a los partidos, necesitamos sin embargo, al igual que nuestros adversarios, tener unas filas ordenadas y saber en cada momento con qué personas contamos. Es un asunto de puro sentido común.

El problema es que ese rechazo intuitivo que tenemos los carlistas a la partitocracia nos ha podido dificultar más de una vez llevar a cabo algunas cosas que son habituales y necesarias en cualquier organización. Es verdad que para ser carlista no hace falta estar en ninguna lista; es verdad que no por pagar mucha cuota se es más carlista; es verdad que dentro del Carlismo siempre ha sido mucho más importante la transmisión familiar que el poseer un carnet. Pero por otra parte, cada vez que los carlistas hemos hecho algo importante ha sido gracias al silencioso trabajo de secretarios, organizadores y tesoreros. Montar un batallón, un tercio de requetés, un periódico o una candidatura no se puede hacer con meras adhesiones sentimentales. Es preciso dar el paso y alistarse, suscribirse, pagar una cuota o proporcionar el DNI. Sin esos gestos concretos no es fácil determinar el grado de compromiso que uno tiene con la Causa.

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2 de Respuestas

  1. Eduardo dice:

    Tengo aspectos a favor para ser Tradicionalista y varios en contra. A favor, mi profunda Fé católica, y mi autoconsideración de monárquico. En contra, la simpatía personal que le tengo al Rey Felipe VI (ojo, sólo a él), y, como dice D. Javier Garisoain, la falta de tradición familiar: ni un miembro de mi familia es Tradicionalista ni por asomo. este es un aspecto importante que impide una regeneración de la Comunión, porque parece una familia reservada sólo a sus miembros y para nada accesible a quién venga de fuera. Es como una alta cuna. Un saludo,

  2. Javier Garisoain dice:

    Estimado amigo, lamento informarle que don Felipe de Borbón ni es ni católico ni es monárquico. Es la primera persona -en más de 1500 años- que se estrena en su responsabilidad en España bajo el título de “rey” sin una mínima referencia religiosa, sin una Misa, una oración… Monárquico tampoco lo es pues se somete y participa plenamente de un sistema partitocrático en el que el gobierno no es de un monarca sino de unos partidos. Piénselo.

    En cuanto a su segunda objeción la realidad es que actualmente la mayoría de los nuevos afiliados que entran en la Comunión lo hacen carentes de tradición familiar carlista. Es cierto que el Carlismo sigue siendo un movimiento político intergeneracional con personas de todas las edades, y con familias enteras (gracias a Dios), pero como le digo actualmente no tiene absolutamente nada que ver con tener unos u otros apellidos.

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