Declaración de la Comunión Tradicionalista Carlista en el aniversario de las Navas de Tolosa

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(16/JUL/26. NOTA DE PRENSA) – Hoy, 16 de julio, se cumplen 814 años de la victoria cristiana de las Navas de Tolosa. Un hito que supuso el afianzamiento de España como parte de la Cristiandad en detrimento de un proyecto político antagónico llamado Al-Andalus. Un paso que permitió el avance de la Reconquista y que fue culminado felizmente por los Reyes Católicos en 1492 y por Felipe III en 1614 con la expulsión de los moriscos.

La historia nos enseña que, salvo momentos puntuales muy localizados -y a pesar de esfuerzos loables-, nunca ha sido posible la coexistencia o convivencia pacífica entre cristianos y mahometanos. La revolución del liberalismo, inspirador del gran engaño de la constitución del 78, eliminó toda referencia trascendente en nuestras leyes pues considera a la religión como un elemento propio de la mera conciencia personal. Según esa ideología bastaría con el cumplimiento de las leyes del estado para mantener la unidad, la paz y la concordia. Sin embargo la evidencia -que vemos ya de forma especialmente dramática en otros países de Europa- es que los problemas crecen. La realidad es que tanto los verdaderos católicos como los musulmanes consecuentes no entendemos la vivencia de nuestra fe sin el desarrollo pleno de una dimensión pública y social.

Por todo ello, lejos de ser una curiosidad histórica, la batalla de las Navas de Tolosa es una efeméride cuyos ecos resuenan hoy con fuerza entre nosotros. Actualmente viven en España, según las estadísticas oficiales, más de 2,5 millones de musulmanes lo que supone al menos el 5% de la población. Hay localidades en las que esa proporción es mucho mayor y amenaza ya, de forma insoportable, la misma identidad de numerosas comarcas. Se trata de un fenómeno brusco y muy reciente si tenemos en cuenta que tres de cada cuatro musulmanes han nacido fuera de España. Dentro del caos migratorio provocado por unos políticos irresponsables esta es posiblemente la consecuencia más grave y el mayor de los retos al que habrán de enfrentarse las nuevas generaciones de españoles.

Nuestra condena por tanto se dirige en primer lugar hacia todos los partidos políticos que han permitido y sostienen todavía esta situación. Hacia los separatistas que pensaron que una inmigración islámica podría favorecer sus intereses antiespañoles. A los laicistas que han querido utilizar el aumento de la población musulmana para la descristianización de nuestra Patria. A los conservadores que han mirado para otro lado, o que incluso homenajean a traidores como Blas Infante, mientras tengan acceso a mano de obra barata.

No podemos tampoco dejar de criticar la posición buenista de aquellos católicos que confunden la ayuda humanitaria con un suicidio cultural. La acogida caritativa al extranjero necesitado en ningún caso puede justificar políticas de sustitución poblacional hasta el punto de hacer irreconocibles nuestros barrios y ciudades. Tampoco la difusión de creencias y prácticas basadas en el error, el terror o el desprecio a la mujer. El multiculturalismo y el caos social tan sólo benefician, finalmente, a un estado policial cada vez más controlador y sectario.

Los carlistas queremos que España, la España católica y tradicional, siga siendo ella misma, y sabemos que el pueblo español, aunque ahora mismo viva anestesiado por las ideologías progres, tampoco va a querer vivir ni en Al-Andalus ni en un estado socialista masónico. Ojalá que cuando despierte no sea demasiado tarde. Próxima la celebración del apóstol Santiago, patrón de las Españas, concluimos esta declaración acogiéndonos a su amparo: ¡Santiago y cierra, España!

Junta de Gobierno de la Comunión Tradicionalista Carlista