Crónica concentración contra el aborto en Pamplona, 28 de febrero 2010

04.03.10. Conforme a nuestra decisión mantenida desde hace años, hemos celebrado la concentración “Aborto NO. Dios ama al embrión. CTC”, enfrente del Parlamento de Navarra. Las 8 de la tarde y el centro de la ciudad, han sido una buena hora y un buen lugar para entablar contacto con los transeúntes. Aunque de noche, hacía buen tiempo.

Como novedad, varias personas se han sumado por primera vez a la concentración. Bienvenidos sean. Los transeúntes han sido más receptivos a la propaganda escrita que la última vez, en enero, aunque alguno la ha rehusado.

Nos ha impactado la breve conversación mantenida con cinco chavales que, por el vestir y los símbolos colgados al cuello, parecían de un grupo urbano quinceañero. Estaban despidiéndose con la jerga propia de la edad. Al contactar con ellos vimos su extrañeza. Pues bien; nos ha impactado su carácter receptivo, a pesar que de entrada estaban a favor del aborto. Su argumento era: ¿qué va ser de una chica de 16 años embarazada? Quizás estaban pensando en su posible experiencia. Pero al personalizar en ellos, mostrándoles que ellos y todos fuimos “así de chiquiticos”, “tan chiquiticos”… su argumento quebró. Además, el embrión ya es otra persona. ¿Y si nos hubieran quitado la vida a nosotros mismos? ¿Y a los otros? ¿Y no es verdad que los médicos aborteros se forran a costa de la ignorancia de las pobres madres y de hacer el mal como es cometer un asesinato? Al menos uno de los chavales, de cara más limpia o simpática, se fue con la “mosca detrás de la oreja”.

Majos y espontáneos chicos. Mejores que otros mayores. ¡Pobre juventud!  Lástima si tienen malos educadores. Causa horror la actual corrupción de la ley civil, que en nuestro caso es doblemente corruptora debido a la dimensión educadora (en este caso deseducadora) de la ley civil. Causan horror y angustia los políticos aborteros. No me hablen de “lex, dura lex”, como hizo cierto articulista de “Diario de Navarra” para rechazar la objeción de conciencia a ese engendro llamado “Educación para la ciudadanía” (o la tiranía). Hablen de la fortaleza y valentía necesarias para rechazar una ley radicalmente injusta, ley que quiebra los derechos fundamentales de la persona y es un manifiesto pecado público. No hablen de acatar, cumplir y menos hacer cumplir la ley como mandó don Juan Carlos en la ley despenalizadora del aborto y legitimadora del mismo de 1985. En el pecado público podemos caer todos, también la más alta magistratura de las instituciones políticas de España.

Es doloroso saber que las consecuencias de la ofensa pública a Dios, ofensa que es la raíz de todos los males, caerá sobre nuestro pobre pueblo español.

Una vez más, quienes asistimos a esta manifestación cuyas incidencias relato, estamos preparando la gran manifestación entre todos los pro-vida a finales de marzo, en cuya coordinadora nos encontramos como grupo político. ¿El fundamento de nuestra acción basada en el amor?; es así de sencillo: “Dios ama al embrión”

Es incomprensible que alguno quiera excluir de las manifestaciones pro-vida a todos los partidos políticos… sin duda porque los grandes partidos como el PNV y el PP nacional… no quieren manifestarse. Sus razones tienen ambos, y por sus actuaciones mejor es que no sean hipócritas. Si dichos partidos políticos quisieran manifestarse, algún organizador se moriría por dejarles un sitio junto a él en la calle. Pero no, como no se quiere poner en evidencia a los partidos aborteros no socialistas, se les lava la cara impidiendo que otros grupos políticos extraparlamentarios pro-vida, como los carlistas, pongan en evidencia a los políticos “conservadores” del aborto, aborteros. Extrañas palabras las de aquellos que creyendo que sólo deben tener representación política los partidos políticos, consideran que las organizaciones políticas que no sean liberales o socialistas deben callar como apestadas cuando la sociedad sale a la calle contra las pésimas consecuencias de la mala política.

Por el bien común, sigamos adelante.

1 de marzo de 2010

José F. Garralda

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