La Comunión Tradicionalista Carlista y la cuestión dinástica

La Comunión Tradicionalista Carlista y la cuestión dinástica

por  Javier Mª Pérez-Roldán y Suanzes-Carpegna

Secretario General de la CTC

Entre el 1 y el 4 de mayo de 1986 tuvo lugar en El Escorial el llamado «Congreso para la Unidad del Carlismo», que fue el I Congreso de la actual CTC.

Al final del mismo, el 4 de mayo, la CTC emitió un comunicado informando del transcurso del Congreso y de los acuerdos a los que se llegó, que fue publicado tres años después en un librito llamado «Carlismo Otra vez», en su página 41.

El primer párrafo de tal comunicado decía literalmente lo siguiente: «El Congreso para la Unidad del Carlismo, celebrado en El Escorial, del 1 al 4 de mayo, ha dado sus frutos: La Comunión Católico Monárquica, Unión Carlista, Comunión Tradicionalista Carlista han confluido en una sola organización política, que ha recuperado el nombre que para sus leales indicó, durante la II República, su último Rey directo, Don Alfonso Carlos I: Comunión Tradicionalista Carlista.»

Como puede verse, pues, la CTC no se pronunció, al menos en esta nota, sobre cuál fue el último rey legítimo, o que Alfonso Carlos fuera el último rey reconocido por todos o por la mayoría de los carlistas o el último legítimo. Simplemente se pronunciaba sobre que el último rey directo, es decir, el último varón descendiente directo por línea de varón de don Carlos V, fue Alfonso Carlos I, lo cual, por demás, es una obviedad histórica por nadie discutida. Por tanto, ni afirmaba ni negaba la legitimidad de los posteriores príncipes que reclamaron sus derechos como herederos de la corona real.

En aquel comunicado que hemos transcrito se informaba en su párrafo cuarto que: «Durante el Congreso se debatieron cuatro ponencias: Ideario, programa, organización y estrategia, y se aceptaron los nombres de los propuestos para la composición parcial de la Junta de Gobierno de la CTC.»

El libro antes citado solo publicó lo efectivamente acordado en el Congreso y en la página 28 del mismo se refleja la línea programática acordada en relación a la «situación actual del carlismo ante la legitimidad Dinástica», que es la parte que interesa a los efectos pretendidos. En ella se decía: «Las penosas circunstancias en que nos encontramos respecto a la concreción de las reivindicaciones dinásticas de la lealtad a la Causa nos reclama, no pueden confundirnos en lo que tan nítidamente diferencia al Ideario, so pena de transformarnos en un grupo político más. El hecho de que debamos concentrar el esfuerzo en recuperar para España, fortaleciendo el Carlismo, la soberanía social, ¿puede hacer olvidar que no ha prescrito los derechos de la Dinastía que encarnó la Causa de la Tradición? (Hoy como nunca hemos de estar convencidos de que el hecho de desconocer el heredero legítimo no puede implicar abolición de sus derechos y menos mientras perdure y conozcamos al usurpador).

                El Carlismo se desintegrará el día que olvide su compromiso dinástico, o el día que haya devuelto el Trono a su Rey. El Carlismo debe centrarse en perfilar y robustecer la organización de la soberanía social, mas la estructura organizativa que resulte no ha de identificarse con la Autoridad que correspondería al Rey. El silencio no fomente la confusión. Recuperemos una sociedad y démosle la organización natural que España necesita. Pero la España tradicional no habrá recuperado su ser en tanto no tenga a la cabeza a su legítimo Señor.

                En consecuencia: EL CARLISMO NO RENUNCIA A LOS DERECHOS QUE LE CORRESPONDEN A LA DINASTÍA LEGÍTIMA, EXPRESIÓN DE LA VERDADERA AUTORIDAD DE ESPAÑA. ENTRETANTO EL CARLISMO CENTRA SUS ESFUERZO EN ESTRUCTURAR LA SOBERANÍA SOCIAL, POR MEDIO DE UNA ORGANIZACIÓN POLÍTICA ÚNICA. PREPAREMOS UNA SOCIEDAD PARA QUE SEA POSIBLE UN REY TRADICIONAL.»

En el libro tan citado, en la página 37, se reproduce la parte correspondiente a los objetivos políticos, en la que se dice: «2.2.8. No renuncia [la CTC] a los derechos que le corresponden a la Dinastía legítima, expresión de la única Autoridad de España. En tanto no se diluciden el quién y el cómo encarne para todos la Soberanía Política centrará sus esfuerzos en estructurar la Soberanía Social por medio de una Organización política única. Preparemos una Sociedad para que sea posible un Rey».

Estos acuerdos de El Escorial, por otra parte, tienen una clara interpretación de autoridad en el artículo «Unidos» publicado en el Boletín Acción Carlista –Órgano informativo de la Comunión Tradicionalista Carlista- correspondiente al tercer trimestre de 1986. En tal artículo, que es un a modo de editorial, en su última parte, impreso en la tercera del boletín, se dice en relación al tema dinástico y del Rey: «Unidos, sí. Conocedores también, de que la unidad para la acción política lograda, en modo alguno significa renuncia u olvido de la causa de la Legitimidad inherente al ser del Carlismo.

El Congreso determinó posponer la solución de en quién o de qué modo haya de encarnarse la Autoridad Suprema. Por ello, todo carlista debe respetar hoy las fidelidades a personas o instituciones que generosamente han suspendido sus funciones políticas, en tanto el Carlismo no llegue a resolver cuestión tan fundamental

E igualmente, a las páginas 3 y 8 del citado Boletín (órgano oficial de la Comunión), en el artículo llamado «Tentaciones y Tareas: Abrir mentes y corazones», se sostenía:

«Otro de los esfuerzos de la hora presente, necesario para lograr la supervivencia y a partir de ella el nuevo crecimiento del Carlismo, es el de ensancharlo sin desnaturalizarlo. Ello implica generosidad y altura de miras. La vacancia actual en la sucesión dinástica ha convertido nuestro legitimismo monárquico en una coincidencia negativa: tenemos muy claro lo que no aceptamos. Pero sin dejar de lamentar tal carencia, no cabe duda de que -a efectos prácticos de la estrategia de reunión de los carlistas- ese «no» a lo instalado es mucho más ancho que el sí que pudiera vincular a un grupo de carlistas, como hace pocos años, a un príncipe concreto y actuante. No aprovechar la singular coyuntura de acefalia monárquica para repensar el sentido y contenido de la Tradición que se concreta en el Ideario y programas de él dimanantes, y recompensar sociológicamente el conjunto de defensores de dichos valores, sería imperdonable necedad. Ese y no otro fue el sentido del Congreso de El Escorial y los trabajos previos y ulteriores.»

Debemos señalar que estos acuerdos fueron suscritos por todos los asistentes, que procedían de la  Comunión Católico Monárquica, Unión Carlista, Comunión Tradicionalista, es decir, tanto de la fidelidad carlooctavista, como de la javierista, como de aquellos que rompieron toda fidelidad dinástica a finales de los años 40, principios de los 50.

Así pues, esa fue la postura de la Comunión Tradicionalista Carlista en el Congreso de la Unidad, postura entonces admitida por todos los carlistas, y que al día de hoy no ha sido modificada por ningún otro acuerdo, sin perjuicio de que el tiempo, y el propio emplazamiento a un momento posterior lleve a otra cosa… pero eso es hablar de futuribles que no han sucedido. Por eso, siguiendo el espíritu de la Unidad Carlista, siendo más lo que nos une contra lo instaurado, que lo que nos separa por posibles fidelidades dinásticas concretas, la CTC sigue llamando a todos los carlistas para colaborar en la empresa común de reconstruir el Orden Social Católico que prepare el camino para el retorno del Rey.

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