Se lo merecen

03.07.2007. (Algunos de estos artículos hacen referencia a cuestiones que ya no están en primera plana de actualidad. No obstante, los reproducimos por su evidente interés).

El PP está siendo objeto de permanentes agresiones a lo largo de la campaña para el Estatuto de Cataluña. Un político nacionalista ha tenido el cinismo de decir que “se lo merecen”.Nosotros, sin cinismo de ninguna clase, decimos lo mismo que el personaje citado: “se lo merecen”.

Se lo merecen por persistir en una ficción, en un imposible. Una y otra vez se están prestando al mismo juego. Siempre reciben el mismo trato. Terminan lamentándose. Pero en la siguiente ocasión en que son invitados a participar en la farsa, aceptan. Para recibir todas las tortas en los dos carrillos y por parte del mismo agresor.

La democracia es la más flagrante mentira que existe. Al menos en España. Y quienes la propugnan, o no viven la realidad, o son unos cínicos.

Dicen los demócratas las urnas son sagradas. La voluntad popular, libremente expresada, es la fuente de toda legitimidad. Para el demócrata el voto no se limita a designar quien ha de gobernar o legislar, sino que le confiere la legitimidad. Algo así como la gracia de los sacramentos, pero a nivel laico.

Con tales premisas el ejercicio de la violencia o de la picaresca para forzar o falsear el resultado de la elección debería ser un sacrilegio. Sacrilegio laico, pero sacrilegio.

Pues bien: son quienes más defienden la democracia, quienes se consideran legitimados para tratar a los contrarios como malos demócratas, los que con más frecuencia, podemos decir sistemáticamente, recurren a la violencia en las campañas electorales y a la trampa en las elecciones.

Desde los comienzos de la democracia actual lo hemos visto. Los actos de Alianza Popular fueron hostigados en Vizcaya en la primera campaña electoral. Sufrieron agresiones en Valmaseda (no recuerdo si se vieron obligados a suspender el acto). Sí lo suspendieron en Baracaldo, por la misma razón.

Agresiones de menor importancia se han dado en casi todas las campañas. Siempre en contra de los que se presentan como la derecha. Salvo excepción no suele ser nada grave. Pero siempre se ejerce contra los mismos grupos. Eso demuestras el talante dialogante y tolerante, necesario para el buen funcionamiento de la democracia, de los agresores.

A veces se llega a excesos como los de ahora en Cataluña. Entonces los políticos del bando, en cuyo beneficio ocurren los disturbios, los condenan con indignación, al menos aparente, cuando no los justifican recurriendo al argumento de la provocación (que no es nada nuevo en ellos) como el político catalán que hemos mencionado.

“Nihil novum sub sole”. Esto lo vienen haciendo desde que la democracia se instaló en España. Por eso nos hace gracia quienes recuerdan que D. Ángel Herrera Oria pedía a los católicos que no se lamentadse y que luchasen en las urnas. ¿Y las trampas que eran moneda corriente? ¿Puede un católico recurrir a ellas?

Por eso grande es la responsabilidad de los componentes del grupo “Tácito”, católicos con etiqueta de tales y considerados como el brazo secular de la Jerarquía, cuando pactaron con “los de siempre” la vuelta a un sistema democrático que haría (ya lo ha hecho) posible la práctica de violencias y trampas en la lucha política. ¿No sabían con quién trataban? ¿No se daban cuenta de lo que les esperaba? Ahora el PP paga las consecuencias en Cataluña y en todas partes. En cada convocatoria electoral.

No aprobamos las agresiones como el político separatista de marras. Pero decimos y repetimos: “se lo merecen”. Por erigirse en defensores de un sistema que forzosamente lleva a la corrupción. Por prestarse a mantener una ficción en la que reciben las bofetadas y sus oponentes juegan con la ventaja que dan las trampas. Por terminar siendo cómplices de la ruina a que ha llegado España.

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