Y ganó Zapatero. Como estaba previsto

12.03.08. A pesar de los muchos votos católicos que recibió, el PP ha vuelto a perder las elecciones.

A los católicos practicantes que”tapándose las narices” (como ellos dicen)  apoyaron con su voto a ese partido, les preguntamos: ¿no ha sido el vuestro un voto perdido? Decían que había que impedir que volviera a salir Zapatero. Y que ello sólo se podría lograr votando al PP. Total: que han apoyado a un partido que se había comprometido a mantener el aborto y no han conseguido evitar el triunfo socialista.

Delante de la sede del PSOE  en Ferraz, podíamos ver por televisión en la noche del día 9, una enorme pancarta en la que se leía: “Ha ganado el PSOE, han perdido los obispos”.  Los obispos habrían perdido también aunque hubiera ganado el PP. Porque los obispos dijeron que no se podía votar a ningún partido que mantuviera el aborto. Y el PP se había comprometido a no abolir la criminal ley. Ha ganado Satanás que ve con satisfacción cómo anualmente cien mil seres humanos, imagen y semejanza de Dios, son asesinados en el vientre materno. La victoria de Satanás ha sido clamorosa. No de 45% sobre el 40%, sino del 90 % sobre un exiguo resto. Pues el 90% de los votantes han dado por bueno que el aborto debe seguir permitido. Y en ese 90% figuran muchos católicos de comunión diaria que se horrorizarán al leer lo que decimos y se indignaran contra el que firma estas líneas por incluirles entre los que han votado a favor de Satanás.

Pero ante los hechos, ante los hechos claros, no valen razonamientos exculpatorios. ¿Han votado a favor de un partido abortista, o no? Han votado. No hay más que hablar.

Nosotros también hemos visto la necesidad de impedir que Zapatero repita mandato. Pero para evitarlo no hemos pasado por pagar el peaje de renunciar a nuestra fidelidad a Dios. Nos ha parecido que nuestro deber primordial era dar testimonio de nuestra Fe negando el voto a un partido abortista. Y lo hemos hecho.

Eso es lo que nos exige Dios: fidelidad. No nos pide clarividencia política para adivinar lo que hará Zapatero una vez en el poder. Nosotros hemos cumplido con nuestro deber siguiendo su mandato. Lo que después venga está en sus manos.

Porque lo que no hemos hecho es poner nuestra confianza en un hombre que ya jugaba para perder. Así como suena. Nos convencimos de ello cuando en el primer debate Zapatero adujo, como méritos para su partido, el que el PSOE había sido el promotor, de lo que él denominaba “leyes de progreso”. A saber: el divorcio, el aborto, el matrimonio de homosexuales, etc. etc. A todas esas leyes se había opuesto el PP. Rajoy se calló y, con su silencio, le reconoció esa ventaja. Cuando debería haberle replicado que no se trata de leyes de progreso, sino de leyes que disuelven la sociedad. Pero no se atrevió a hacerlo.

Cuando España necesita un golpe de timón, viene Rajoy a convencernos de que va a bajar el precio de la leche y del pan. ¿Con quién cree que está tratando?

Parece ser que en Barcelona por 65 votos el PSOE le quita el último diputado en liza al PP. Esos votos se los podría haber dado la CTC. Que lo tengan en cuenta. Porque los pocos votos católicos que no se dejan secuestrar por el cuento de “el mal menor” han sido suficientes para que pierdan un diputado. Ni nos alegramos ni nos entristecemos. A nuestros correligionarios que han dado esa pequeña victoria al PSOE, su conciencia no les ha permitido actuar de esta manera.

Dentro de cuatro años hay nuevas elecciones. A quienes han votado por el mal menor y están aterrados por lo que pueda ocurrir ahora, les recordamos el deber que tienen de trabajar en formar una fuerza electoral que defienda los cuatro puntos no negociables.

Que no esperen que les demos el trabajo hecho. A ellos también les alcanza la obligación que a nosotros nos impulsa a pelear en la vida política. Tienen abiertas las puertas de la Comunión. Si nuestra solución no les convence, hay otros grupos. Y si éstos tampoco les gustan que organicen algo mejor. Pero que piensen que están traicionando al Señor si, en los cuatro años que tenemos por delante, persisten en lamentarse del desgobierno e injusticias del PSOE y en su inactividad política.

Carlos Ibáñez Quintana

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