También el Papa lo dijo

19.01.2010. “No queráis nada sin Dios”
Discurso en Loyola, en su primer viaje a España.
Año de 1982. Se había anunciado el primer viaje de Juan Pablo II a España. A José  María Cusell (q.e.p.d.) se le ocurrió que para hacernos notar podríamos presentarnos con una gran pancarta que dijera en polaco, nuestro recién divulgado lema “Nada sin Dios”.
Coincidía que por aquellos días entre nuestros muchachos de Bilbao había un polaco. No era polaco exactamente. Lo era su padre y su madre bilbaína.
Le encargamos preguntara a su padre cómo se decía en polaco “Nada sin Dios”. Y nos trajo la respuesta: “Nic bez Boga”. Dicho y hecho. Se preparó una hermosa pancarta con la inscripción y tremolándola nos unimos a la multitud que se agolpaba en las calles de Madrid por donde habría de pasar Juan Pablo II.
El Siervo de Dios se fijó en la pancarta y sonrió.
Pocos días después concluía su estancia en España con una visita al Santuario de Loyola. Allá fueron muchachos nuestros de Bilbao, Durango y otras localidades vascas. La organización y dirección del acto estuvo en manos de los mismos que ahora han rechazado a Monseñor Mulilla como Obispo de San Sebastián. Desde los altavoces advertían a la muchedumbre: “No aplaudáis ni gritéis. Los vascos somos serios y no nos gusta el ruido. Que nos conozca el Papa como somos. No aplaudáis”. Dejamos a los lectores que valoren las intenciones de tan absurdas advertencias. Y es que pocos meses más tarde, ganó el Athletic de Bilbao la final de Copa al Barcelona y el escandaloso festejo que se armó en la Capital vizcaína, no desmereció en nada del que se habría organizado en cualquier otra ciudad española si el ganador hubiera sido el equipo correspondiente. Los vascos no somos tan diferentes como nos quieren hacer creer los epígonos de Sabino de Arana.
A lo que vamos: el Papa pronunció el correspondiente discurso. Y entre muchas cosas importantes, lo terminó diciendo: “No queráis nada Sin Dios”.
Esta vez los fieles nos adelantamos  a la Jerarquía. Los carlistas sugerimos un lema al mismísimo Santo Padre. Una prueba de que en 150 años de historia, los carlistas habíamos caminado por las sendas de la fidelidad.
Carlos Ibáñez Quintana.
 

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