Crónica del encuentro Tradicionalista de Aranda del Duero

El sábado 16 de julio los carlistas leones y castellanos conmemoraron en Aranda de Duero el aniversario del fallecimiento de S.M.C. Carlos VII, así como la entrega y sacrificio de los requetés en la Cruzada. Lo hicieron con dos días de anticipación, pues cayendo este año el 18 de julio en lunes, adelantaron los actos al día de la Virgen del Carmen.

En total se reunieron medio centenar de asistentes de Burgos, Salamanca, Soria, Toledo, León, Madrid… y hasta de Logroño y Santander.

La Santa Misa, en principio programada para las 10:00, empezó con retraso, pues tanto el sacerdote celebrante, como el coro, y los asistentes de Madrid y Toledo, se vieron afectados por el corte de más de cuatro horas (con la inmovilización total de los coches) que se produjo a partir de las 8:15 en la A1, a la altura de Boceguillas, a consecuencia del vuelco de un camión. Sin embargo, el ingenio de los asistentes sobró para abandonar las autovía en contrasentido por las vías de acceso a la misma, y consiguieron llegar por otras carreteras alternativas.

Finalmente la celebración de la Santa Misa comenzó a las 10:30. El padre Werner, E.P., celebrante, pronunció una homilía vibrante con apelaciones constantes a la defensa militante de la Fe para la reconquista espiritual de la Cristiandad. Recordó al profeta Elías y su combate arrollador, como único profeta de Dios, en defensa de la fe, derrotando a la multitud de profetas de falsos dioses. Resaltó igualmente como la devoción a la Virgen del Carmen es especialmente querida por Nuestra Señora, que no en vano se apareció bajo tal advocación en Lourdes y Fátima, e incluso, recordó, también en Garabandal, si bien aclaró que tal última aparición es, en todo caso, de devoción privada, por no haber sido reconocida por la Iglesia.

La homilía llegó a su momento más brillante, e interpeló directamente a los fieles, cuando glosó el origen caballeresco (y por tanto combativo) de la orden del Carmen, fundada por un grupo de ermitaños en tiempos de la Cruzada.

El coro, formado por siete consagradas y llegado de Pozuelo de Alarcón (Madrid) embelleció la misa con cantos litúrgicos, especialmente bello y armónico el Ave maris Stella.

Tras la misa se procedió a la imposición del escapulario.

La comitiva se trasladó a continuación al Mesón de la Villa, en el que el propietario nos agasajó con amabilidad extrema, adquiriendo incluso varios productos del bazar de la Junta de Castilla, relatándonos cómo en su juventud estuvo en varios Montejurras.

En el restaurante, antes de la comida, el Padre Werner pronunció una magnífica conferencia sobre la Cristiandad, desarrollando como la misma no debe entenderse como una realidad muerta, digna solo de estudios arqueológicos o del amor nostálgico, sino como una realidad viva que fue y que deberá volver a ser. El fundamento de la misma fue la penetración del suave aroma de Cristo en todas las instituciones humanas. Y sus pilares principales fueron dos: los orantes, y los caballeros. Por eso insistió a los presentes en la necesidad de recuperar el ánimo combativo, la virilidad, la firmeza en la defensa de lo verdadero.

A continuación intervino Javier Mª Pérez-Roldán, Secretario de la Comunión, y representante en el acto de la Junta de Gobierno de la CTC, que insistió en la necesidad de defender la Tradición en el aspecto práctico, superando la pretensión de muchos de dejarla reducida al ámbito teórico y especulativo.

Tras la comida intervino José Antonio Gallego, en representación del grupo de boinas azules, y tras él tomó la palabra Guillermo Pérez, de la «Asociación Cultural Beatriz Galindo, la Latina», de Salamanca, que expuso las actividades que desarrollan. Estaba prevista la intervención de Luis Carlón, por parte de la «Asociación Cultural Tradicionalista Fernando III el Santo», de Palencia;  de Oriol Ferrer, de «Luz de Trento»; y de Carlos María Pérez- Roldán y Suanzes, Presidente de la Junta Carlista de Castilla si bien los tres excusaron su asistencia por incidencias del último momento.

El acto terminó con el Oriamendi, entonado primeramente por Luis Sánz, de Toledo, y por otra serie de cantos carlistas.

 

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