La Constitución era esto: se prohíbe rezar, se permite blasfemar

(NOTA DE PRENSA)

Ante el 6 de diciembre

A lo largo de las últimas décadas los carlistas hemos aprovechado cada 6 de diciembre para explicar con toda clase de argumentos por qué el régimen nacido a la sombra de la constitución de 1978 es profundamente antiespañol, contrario a nuestra tradición e identidad, ateo a todos los efectos, enemigo de la familia, de los cuerpos sociales naturales y de las libertades, empobrecedor de nuestra economía y servil ante poderes extranjeros e ideológicos.

Este 6 de diciembre de 2022 podríamos continuar desgranando los principios de defiende la tradición política de las Españas y contraponerlos a los de la tiranía del régimen partitocrático liberal que padecemos. Nos volveríamos a encontrar una y otra vez con la incomprensión de muchos españoles que por miedo, por el insistente adoctrinamiento televisivo, o quizás por pura nostalgia siguen gritando «¡Viva la constitución!» como si esta fuera nuestra máxima garantía contra el desorden y la destrucción de nuestra Patria.

Señalemos por esta vez tan solo dos frutos característicos del sistema del 78 -frutos plenamente constitucionales- por ver si de esta forma abren algunos los ojos a la realidad:

1º. Se permite blasfemar. El delito de blasfemia fue suprimido del Código Penal (art.239) mediante la Ley orgánica 5/1988 de 9 de junio. Desde entonces ningún partido político parlamentario ha propuesto la revisión de esta norma. Esta despenalización, lejos de garantizar una supuesta libertad de expresión, ha servido para amparar -y animar- multitud de gravísimas blasfemias como la que ayer mismo publicó en su portada una conocida revista satírica. La Comunión Tradicionalista Carlista estudia en este último caso el recurso a los tribunales, no porque confíe en la legislación vigente, pero sí al menos para que conste ante la historia que no todos los Españoles callaron ante tal indignidad.

2º. Se prohíbe rezar. El mismo régimen constitucional que permitió a partir de 1988 dirigirse a Dios en términos ofensivos prohíbe hacerlo en términos positivos. A través de sucesivos cambios legales, el laicismo que en la constitución aparecía disfrazado de indiferentismo religioso se ha ido abriendo paso con la retirada obligatoria de símbolos religiosos en los edificios públicos, la prohibición de funerales católicos oficiales o mediante la penúltima modificación del código penal (Ley Orgánica 4/2022, de 12 de abril) que ha incluido penas de cárcel por manifestarse o incluso rezar en silencio delante de un abortorio, en defensa de la vida humana más inocente.

Por lo tanto, y dirigiendo especialmente en este momento nuestra reflexión a los creyentes y también a aquellos que se autodefinen como «conservadores»: ¿Qué sentido tiene aferrarse al texto constitucional del 78 y repetir el mantra de «no era esto, no era esto»? Lo cierto es que sí, la constitución era esto.

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