Con ETA desde el primer momento

13.03.2006. Fue el día del Corpus de 1968. En la parroquia de San Antón se celebró una Misa por el etarra Javier Echevarrieta que había muerto en un enfrentamiento con la Guardia Civil después de que asesinara por la espalda a un agente de dicho cuerpo. San Antón amparaba todas las manifestaciones religiosas coloreadas de nacionalismo. Aquella vez el Párroco se asustó. No contaba con que al principio del acto surgieran fotografías del muerto y se profirieran gritos de “libertad”. El sacerdote pidió respeto al templo, pero nadie le hizo caso. Concelebraron más de veinte sacerdotes que desobedecieron el precepto de acompañar al Santísimo en la procesión. Para ellos era más importante el dar testimonio de su “patriotismo” que de su fe en la presencia eucarística. Si es que creían en ella.

Terminada la procesión, en la que se observó la escasez de sacerdotes asistentes, me dirigía a casa cuando me encontré con una paisana. Pertenece a una de las familias más nacionalistas de mi pueblo; ella también lo es. Nos saludamos. Se le notaban restos de una gran agitación. Me contó que había asistido a la misa de San Antón y que, a la salida, la policía había cargado contra ellos. Me pareció oportuno advertirle:

-Esos de la ETA no son de los vuestros. Son marxistas leninistas y están contra vuestro partido más aún que los de Acción Vasca.

-Si yo no he asistido por política. Soy amiga de una hermana del muerto.

-Como nos conocemos y sabemos cómo piensa cada uno de nosotros, te lo advierto, por si no lo sabes.

Aquel mismo verano asesinaron al Comisario Manzanas. Un compañero de trabajo nacionalista nos “informaba”: “no ha sido cosa de la ETA, sino una venganza de los familiares de su mujer a la que le era infiel”.

Poco después fue asesinado un guardia municipal de Galdácano mientras examinaba un coche que le pareció sospechoso. A la hora de la comida, un grupo de compañeros calificábamos la criminal acción. Un simpatizante del PNV comentó:

-¿Quién le mandó a ese municipal meterse donde no le llamaban?

-¿Habría sido mejor que, en vez de cumplir con su obligación, hubiera estado en la taberna emborrachándose? – le contesté.

Se calló.

De esas mil. Fundamentalmente por parte de los peneuvistas. Pero también de otros que no lo eran y tiraban a rojillos. “Algo habrá hecho” me aseguraban mis compañeros de mesa, en el bar próximo a la fábrica, cuando volaron el chalet de Landaluce en Miravalles y yo les informaba de que era una de las familias más queridas en la localidad, como gentes de bien.

Lo más gordo me tocó vivir cuando ETA asesinó a Ryan, Ingeniero Industrial director de las obras de Lemóniz. El Colegio nos convocó a una asamblea extraordinaria. En ella acordamos que se le dedicaría una placa en el salón de actos del Colegio, junto a la que recordaba los nombres de otros dos compañeros muertos en accidente de trabajo.

Meses después fue asesinado Pascual. Otro Ingeniero Industrial que también trabajaba en Lemóniz. Nueva convocatoria a asamblea general. Observamos, con sorpresa y desagrado, que el acuerdo adoptado en firme en la asamblea anterior no se había cumplido. La directiva del Colegio ya estaba copada por el PNV. En tonos airados preguntamos la razón. Nos contestó el Decano:

-No lo hemos hecho porque hemos querido evitar que más adelante esa placa moleste a otros compañeros como nos ha molestado a nosotros la que hemos tenido que soportar durante tantos años en el vestíbulo de la Escuela.

Se refería a una sencilla placa que recordaba al Don Luis Checa, Director de la Escuela asesinado por los rojos, y a media docena de alumnos, también asesinado o muertos en campaña.

Que el lector juzgue la gravedad de la respuesta. Se había incumplido un acuerdo adoptado por unanimidad. Y se daba para ello un motivo que no tenía nada que ver con la muerte de un compañero asesinado en el ejercicio de la profesión. ¿O sí tenía que ver?

La respuesta del Decano suponía un volver a lo que hoy Zapatero llama “memoria histórica” en la que solidarizaba a la actual ETA con el PNV, y al PNV de 1936 con los asesinos del Director de la Escuela.

Cualquiera pensará que quien da tal tipo de respuesta es un cretino. Nada más lejos de la realidad. Quien entonces ejercía como Decano es una de las mentes más brillantes que han pasado por la Escuela de Ingenieros de Bilbao desde su fundación. Es un buen ejemplo del deterioro que sobre la personas causa la obediencia a las consignas del PNV. Porque lo gordo del caso es que, algún tiempo antes, el mismo Decano había declinado pronunciar una conferencia defendiendo el empleo de energía nuclear ante el consejo de un amigo quien le advirtió que ETA acababa de robar diez toleradas de dinamita.

Cuando personas de inteligencia acreditada se manifiestan como el Decano en cuestión , no son de extrañar los exabruptos de Egibar y otros dirigentes que de lo único que han dado pruebas es de no servir, fuera de la política, ni para escardar cebollínos.

El nacionalismo es uno. Lo muestran en su actuación conjunta. En declaraciones podrán mostrar discrepancias. Pero los hechos son contundentes. Lo malo que en la política actual se da más valor a las palabras y a los papeles que a los hechos.

Carlos Ibáñez Quintana.
 

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