Con la “recuperación de nuestra identidad” desfiguran al País Vasco

10.02.06. Hace unos días presencié por televisión un partido de pelota y los nombres de dos de los jugadores me trajeron estas reflexiones. Se llamaban Aimar y Oier. Son dos especimenes de la plaga que nos está invadiendo: nombres que dicen que son vascos, pero que nunca se han oído ni leído en estas tierras. Quedo de piedra cuando leo que algunos de llaman “Zigor” (castigo) “Adur” (baba) “Erlantz “colmena”, etc.

En un diario bilbaíno de fecha 28 de enero leemos:

La academia de la Lengua Vasca presentó el pasado miércoles el nuevo nomenclátor de Vizcaya en el que reafirma Bilbo como la denominación oficial eusquérica de la villa.

Hemos subrayado dos palabras. “Nuevo” porque seguramente que contiene modificaciones respecto otro anterior. Esos académicos no descansan con sus reformas. “Oficial” porque muestra un afán de algunos académicos de que sus decisiones pasen de ser consejos o recomendaciones y tengan valor legal.

En efecto: son muchos los ayuntamientos que han decidido que aunque se escriba en castellano se debe usar la denominación de su pueblo en la forma eusquérica. Como si el ayuntamiento de Colonia pretendiera que en castellano tenemos que decir Köln, al referirnos a la histórica capital renana.

En el mismo diario aparecen las opiniones de once personajes. La primera es la del propio Alcalde de la Villa:

Una cosa es la nomenclatura y el valor del nombre que admito puede ser Bilbo pero otra es el conocimiento internacional, cultural y empresarial que se tiene de la palabra Bilbao.

Hay otra opinión parecida a la del Alcalde. Ocho personajes están en contra  y solamente un académico de la lengua vasca está a favor.

En la Academia de la Lengua Vasca hay una comisión que se encarga de todos estos cambios. Uno de sus miembros es Xavier Kintana, de quien podemos dar alguna referencia. La primera noticia que tuve de él fue a través de mi hijo mayor. Cuando en el Colegio de Santiago Apóstol de Bilbao comenzaron a dar clases voluntarias de vascuence fuera del horario lectivo le dije a mi hijo que se matriculase. El profesor era el citado Kintana. (Mi segundo apellido es Quintana, palabra que ya se empleaba en latín. Cuando me dirigen escritos y ponen Kintana, como si se tratase de una palabra vasca; me entra un complejo de Kunta Kinte, el protagonista de aquella serie televisiva titulada “Raíces”. No soy racista. Pero prefiero vincular el nombre a la Roma civilizadora, que a una tribu africana)

Kintana aprovechaba las clases para aleccionar a los niños en el nacionalismo. Llegó a decirles que Zumalacárregui desobedeció la orden de D. Carlos de combatir al otro lado del Ebro, alegando que era vasco y sólo defendía estas provincias. Mostré a mi hijo la biografía de Zariategui en la que refería cómo D. Carlos le propuso a su General que fuese pensando en la denominación para el título que pensaba concederle y cómo éste le respondió que dejase eso para cuando conquistasen Cádiz. Mi hijo se lo dijo al profesor. Y éste le contestó que eso era una frase sin importancia. Gracias a ello mi hijo se convenció de la falsedad de los planteamientos nacionalistas.

Luego he leído algunas apariciones de Kintana en la prensa. Siempre defendiendo los cambios. En ninguna de ellas he encontrado un adarme de sentido común.

El académico que en esta ocasión muestra su opinión es Gorka Knörr. Es otro miembro de la comisión que cambia los nombres. Es nieto de un bávaro que llegó a Vitoria, parece que por no querer servir al Kaiser, a principios del siglo pasado y montó una fábrica de cerveza, se casó con una vitoriana y arraigó en la capital de Álava. Posiblemente tuviera alguna influencia el patriotismo bávaro del padre en que alguno de los hijos se hiciera fervoroso nacionalista. Un nieto suyo, Álvaro Bazán Knörr, perteneció a la AET de la Escuela de Ingenieros de Bilbao y murió en la Cruzada.

Gorka Knörr, como el citado Kintana ha llegado al vascuence por vía de estudio. No lo ha “mamado”. En ambos pesa más el papel que la vida. Y piensan que desde el papel se puede regular la vida: la lengua viva. Veamos un resumen de las razones que da para el cambio:

Es conocido que los textos antiguos presentan la forma “Bilbao” Por lo que toca al euskera un ejemplo es el proverbio citado por Garibay, el cronista de Felipe II: “Bilbao, han bere dongeak bidao” (Bilbao, allí también el malvado blasfema). Ahora bien, cabria preguntarse si ese”Bilbao” no está forzado por la rima con “bidao”. Y por otra parte hay que decir que tenemos la pista de la palabra “bilbo” (empleada por Shakespeare) que el inglés tomó sin duda del euskera, lo que quiere decir que la gente vasca decía “Bilbo”.

Que los lectores juzguen sobre la absurda forma de razonar que emplea el académico.

Se trata de cambiar por cambiar. De establecer diferencias con el pasado. De fundar una personalidad nueva que sirva de disfraz al proyecto separatista. Pero si lo que hacen es nuevo, ¿a qué viene eso de “la recuperación de la personalidad”? ¿Cuándo hemos tenido esa personalidad que nos están imponiendo? Esa personalidad que arraiga primordialmente en personas y familias que carecen de raíces vascas.

Muchos más ejemplos podríamos aducir que demuestran la arbitrariedad con que actúan los impulsores del cambio. Knörr dice que “Bilbo” es lo moderno y por eso rechaza Bilbao que es arcaico. Pero en otra ocasión deciden que Orduña debe ser Urduña porque dicen que así aparece en los documentos de hace mil años, y que en Orozco (el pueblo más próximo vascoparlante, a 20 km) dicen Urduña. He consultado con algunos amigos de Orozco y me dicen que ellos siempre dicen Orduña tanto en vascuence como en castellano.

Así están adulterando el verdadero ser vasco. Porque tienen medios para ello. Porque en el País Vasco hay mucha ignorancia sobre el idioma y la historia y somos muy pocos los que resistimos a sus imposiciones. Porque viven de la ilusión y las mentiras que ellos mismos forjan.

 Zortzigarrentzale

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