Sobre las víctimas

10.02.06. Ya sabemos que la transición se planteó como un “borrón y cuenta nueva”. Una reedición del abrazo de Vergara. Esta vez como final de la guerra de 1936-1939.

Por parte de las derechas, es decir los hombres del régimen fenecido o de los que, discrepando con el mismo, habían luchado en el bando nacional, se obró con buena fe. Por la otra parte se consideró que, el nuevo abrazo de Vergara anulaba la victoria de 1939, pero que el enfrentamiento seguía, aunque no hablasen las armas. La actuación posterior de los tales es la mejor prueba.

Muerto Franco, ETA incrementó su actividad. Mató más que antes. Sus víctimas fueron preferentemente militares, guardias civiles, policías, funcionarios, autoridades procedentes del periodo anterior y todo aquel que pudiera significar una oposición al separatismo que se anunciaba.

Mientras los políticos de la transición preparaban una constitución que aspiraba a ser la más progresista del mundo democrático. Prescindiendo de la realidad de un terrorismo actuante, se establecieron las garantías más favorables para toda clase de delincuentes que caían en manos de la justicia. Ahora lamentan la excarcelación de etarras cuyas condenas de cientos o miles de años se han cumplido con quince o veinte. Pero así lo decidieron los políticos que quisieron asombrar al mundo con el cambio que experimentaba España. A la vez los gobiernos concedieron diversas amnistías que permitieron a los terroristas reorganizarse y volver a matar.

No nos atrevemos a decir que los impulsores del cambio lo tenían previsto. Pero al menos aceptaron los crímenes como un mal colateral que había que tolerar en beneficio de los grandes beneficios que a España reportaría la nueva época de paz y progreso. El modo con que bajo el gobierno de Suárez se celebraban los funerales y entierros de las víctimas, los impedimentos que se ponían a quienes queríamos asistir a los mismos, son prueba evidente de que para el Gobierno eran algo molesto que había que mantener oculto. Mataron a falangistas y carlistas. Así ETA eliminaba obstáculos a los partidarios de la transición.

Estoa días se ha recordado el asesinato de Baglietto. Baglietto había sido carlista. La descomposición de la Comunión propiciada por la “evolución ideológica” de sus dirigentes, le llevó a las filas de UCD. Marcelino Oreja, prevalido del prestigio de la figura de su padre, diputado tradicionalista asesinado en Mondragón en octubre de 1934, comprometió a muchos carlistas guipuzcoanos con la nueva formación. Baglietto fue uno de los que le siguieron creyendo que así luchaban por la libertad y apoyaban una autonomía que les parecía una continuación de los Fueros que nos arrebatara el liberalismo. El UCD, Baglietto dio la cara como la saben dar los carlistas. Un hermano suyo ha recordado en la prensa que ETA exterminó a la UCD de Guipúzcoa. Antes había exterminado a quienes se oponían al cambio. Ahora les tocaba a quienes, aceptando el cambio, no aceptaban el separatismo.

El PP ha heredado el papel que otrora ejerció la UCD. Otros muchos carlistas forman en sus filas atraídos por el mismo señuelo que engañara a Baglietto. También era carlista el concejal de Zarauz Iruretagoyena. Y el de San Sebastián Ordóñez. Son muchos los hijos y nietos de requetés que están dando la cara en el País Vasco por el PP y tienen que ir escoltados porque sus vidas corren peligro. A veces han sido agredidos físicamente. Y aún tiene que soportar el sambenito de “fascistas” con que sus enemigos se refieren a sus antecedentes familiares.

Nos indigna el verlo. Aprendieron en el seno de sus familias carlistas la lealtad a unos principios. El ejemplo de sus padres y abuelos les impulsa a dar la cara. Y la dan por un partido que no sólo encarna el liberalismo culpable de los males de España, sino que es una de las bases del actual sistema. Del sistema que es el problema. Del sistema incapaz de terminar con el terrorismo que les amenaza. Porque la misma Constitución en que se basa establece las condiciones que aseguran su supervivencia.

Un sentimiento de piedad a la vista de sus sufrimientos nos impide decirles personalmente. “eso os pasa porque lo habéis querido”. Pero sí les decimos a quienes les están embarcando en ese combate condenado a la derrota: ¡No tenéis vergüenza!

C.I.B.

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